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El Bucle

Me encanta complicar las cosas. Veo todo tan simple que me aburre. Y termino desafiándome a mi misma complicandolo todo. Más tarde inmersa en la maraña me pierdo y a veces gasto tanta energía que olvido lo importante: el propósito inicial del juego interno de la complicación. Creo firmemente que estaba equivocada y la facilidad de la vida era solo una apariencia. Me pierdo, pero ya no solo en el simple juego de complicarme la vida. Si no en el peligroso océano de pensamientos que construyen mi propia realidad. Así es como muchas veces entramos en un bucle y luego me hago otra pregunta, simple. Muy simple.

¿Por qué todo es tan complicado?

Automáticamente el bucle desaparece, la perspectiva cambia y con ella se solidifica una nueva realidad. La vida vuelve a ser fácil. Recobro mi propio equilibrio, me sosiego. Todo fluye. Soy feliz. Y renaces. Te olvidas de cómo llegaste ahí. Y es en este instante, tras haber alcanzado el nirvana. Entre la individualidad y lo general. Entre primera y segunda persona. Dónde te fusionas y te vuelves a separar. Caminando entre el ser y el todo. Justo en este estado de equilibrio infinito. Me aburro.