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La rosa que nunca existió

Era un San Valentín de esos de estar separados, el primero, de esos que piensas no hay nada pero hay conexión, con la ilusión puesta en una rosa que nunca existió.

Con su recuerdo presente era suficiente, durmió, dormí, cada uno en su lugar  aun sabiendo que las horas y la distancia que nos separaban podrían unirnos más.

Las palabras florecen hasta en invierno y la rosa que nunca existió era de las que no se pueden marchitar.

Se puede avanzar que tengo todas las ganas de abrazarla y con eso nos íbamos a quedar,  ella sin su rosa y yo con las ganas.

No importa, nos respetamos, nos reímos, nos cuidamos, tenemos paciencia, cariño, apoyo, comprensión, cada vez más confianza, hablamos, estamos a gusto y más que podría decir, todo eso son cada uno de los pétalos que podemos abrir.

Puede que la rosa no exista todavía, pero es muy aventurado decir que nunca sería, lo cierto es que nunca me había sentido así.

Siento no regalarte flores pero tu floreces hasta en zonas desérticas, polares y soledades.

¡Feliz San Valentín!