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La maleta sin hacer

Tengo la maleta sacada, sin hacer, el depósito a medias y el miedo de conocer a una persona nueva, a una vida nueva. Cuando solo quiero sentir paz mental, espiritual, existencial. Pienso que al miedo hay que desmigajarlo y pisar sobre este, pisar a fondo y dejarlo en el humo atrás. Resulta que si hablo de mis miedos no es para que se rían de mí, si no para sufrirlo, comprenderlo y pisarlo, en cada paso, en cada kilómetro. Podrían preguntarme, ¿por qué tienes miedo?, pero parece que rara vez esa es la respuesta, es entonces cuando veo el fondo y pienso, ¿para qué dar otro paso, escribir otra palabra, hacer otra llamada, buscar la compañía y el cariño fuera de mi?. Si todavía estoy construyendo mi confianza, equilibrio, fuerza, cariño, por eso me aíslo, para construir desde mi conexión con la esencia.

¿Por qué voy a buscar en otra persona lo que no encuentro dentro de mi ser?

Y es aquí donde encuentro mi equilibrio, paz, confianza, seguridad, tranquilidad, cuando me sobran palabras y me faltan silencios de cariño, cuando me sobran palabras y me falta cuidar mi interior, el cual llevo cuidando unos pocos años. Hasta ahora, hasta el punto de escuchar a los demás y escuchar a mi vida. Que me pide que viva, que avance, que deje los prejuicios, el odio, mi vida me pide que deje amor en mi ser, en mi silencio, en mis tiempos de soledad compartida, que arregle las roturas desde la atención y la adaptación al cambio, a la renovación, pero sigo con la maleta sin hacer y el día se acaba, aunque espero que no se acabe la oportunidad, sigo con la maleta sin hacer y mi mente ya está en otro lugar, mi espíritu ya ha viajado.

Ahora cuando viaje otro día quiero hacerlo despacio, para no dejar al alma atrás por el camino.

Ahora cuando viaje otro día quiero ir con toda mi sabiduría interior, experiencia, aprendizaje.

En otra realidad ya me tienes presente, es curioso, al final no me atreví a salir, llenar el depósito, hinchar las ruedas. Parece que siempre aparece un pasado para retenerme, me pregunto, ¿por qué no puedo sentir la aventura, el placer de ir hacia el mar? Me pregunto si soy débil porque me hacen sentir débil, o me cansé de ser fuerte, me pregunto si soy débil porque me siento débil, o porque me tienen atrapado. Es curioso que se cuestionen todos mis movimientos y los demás no se fijen en los suyos, es fácil salir de la rutina si te pones a escribir y cuentas una historia, es cada vez más difícil protegerse a uno mismo. No sé, falla la intuición, fallan las personas, fallo yo y la vida sigue…

La vida sigue en otro viaje que no completas, en otros estudios que no terminas, en otros prejuicios, la vida sigue en las mismas calles distintas, en tiempos y velocidades distintas de personas distintas que buscan algo fuera de sí mismas mientras yo sigo mirando hacia mi interior, descubriendo que nací con la armonía rota y ahora soy una partitura mal compuesta y mal interpretada, mal practicada y mal ejecutada, nací con la armonía rota mientras que he tratado toda mi vida de afinarme, ajustarme a los tiempos, al compás, ajustarme a fluir con las vibraciones de las personas que aparecen en mi vida, me gustaría ser esa partitura que lleva guardada siglos y descubren y arreglan y de repente sorprende al mundo con toda la alegría guardada en el interior. La vida sigue en cada segundo que nos separa, en cada segundo que nos acerca…

Me gustaría ser esa vibra que te trae la tranquilidad, la paz. La emoción de que la vida va deprisa y nadie corre, porque cuando quieres hacer las cosas bien no corres, paras y piensas, paras y sientes.

Siento ideas, materializo palabras, escribo para soltar las cargas emocionales heredadas. Otra vez en este mundo, donde la vida sigue, donde despierto y me pregunto si este día mereceré la alegría de verte otra vez, o será otra rutina oscura de aislamiento en textos, sintiendo ideas, que vengan del sol, directas a mi amanecer de humo, de frío, del frío que dicta que falta energía, conexión, cuando falta la calidez del carisma, en este prisma que refracta, refleja, sin saber en qué color del espectro me muevo hoy, sin saber si me refracto o me reflejo, siendo otro rayo de luz que viaja ocho minutos para llegar a la Tierra y me llena para que no me veas. Para que no me veas, ni perdido ni encontrado, ni buscado ni querido, ni ocultado ni alegre, ni triste ni libre, en el vacío. Donde personas llegan, cuentan, preguntan, rompen, arreglan, dejan parte de sus emociones y se van.

Mientras dejo mi trabajo emocional en otro texto, para no llenar la maleta, otra vez en este mundo, la vida sigue en cada segundo que nos separa, en cada segundo que nos acerca, como un latido, como una respiración, como una pulsación que pasaras de largo, que no tendrás en cuenta… Otra nota vacía que dejo escrita para contarte, que todos quieren mi bien pero nadie me da la cura, otra nota para contarte que por mucho que se pongan en mis zapatos, no hay quién entienda este sufrimiento. Otra nota sin respuesta.

Otra vez en este mundo gris, que completo con la escritura, siento que cada vez necesito menos para ser feliz, me he acostumbrado a la escasez de sentimientos, a la escasez de amor, me he acostumbrado a quererme en la telepatía nómada, dónde soy yo el que se libera, se entiende y con poco más me basta.

Al menos vuelvo a sentirme vivo cuando estoy frente a las teclas, frente al folio, vuelvo a sentirme vivo en cada palabra que cuento mientras dejo de contar, me he quedado en el silencio una larga temporada y me he acostumbrado, al final con el silencio la gente te deja de hablar, porque en cada vibración de cada palabra hay un sonido que rompe la armonía del silencio, cuando yo veo el silencio como lo mas poderoso que hay en este mundo, está libre de ruidos y de interferencias, por esto lo más poderoso es el silencio. Cuando sales del péndulo en el que oscila la vida es un nuevo renacer. Quizás renací para permanecer callado, pero por lo menos lo dejaré escrito. En la era de la comunicación la mejor respuesta es el silencio, tiene mucho mas valor y mejora tus otros sentidos.

Sentí el silencio al tener la maleta vacía y entonces pensé, tengo que seguir viajando hacia mi interior, a mi manera, en mi propio viaje espiritual, no necesito caminar en esta vida sin dirección porque la propia vida me dará el sentido y la dirección, el viaje es hacia dentro, para poder reflejar y refractar tu propia luz, el viaje es hacia el interior de uno mismo, para iluminar desde dentro, cuando iluminas, no te hace falta viajar, ni buscar, las personas aparecen y llegan a ti, cada uno te enseña su propio aprendizaje, todos somos maestros en el algo y aprendices a la vez en esta vida.

No paro de aprender de mis silencios, de la escucha, de la visión, de la intuición, hacen que se reflejen ideas en mi mundo interior y así sigo, necesitando menos, deseando menos, generando más ayuda a las personas que me leen.

Es difícil explicar este estado, mantengo el equilibrio de unificarme con mi ser en mi presente, cuando siento la luz del silencio. Una respiración y la vida sigue en este mundo mientras me siento tan débil, tan frágil y tan distinto como un pequeño universo que renace cada día en distintas dimensiones aleatorias que se repiten, mientras ahora veo los patrones de las repeticiones rutinarias y me abstraigo para caer en la plenitud del círculo de la vida y observarlo desde fuera, estoy aquí de paso, con la maleta sin hacer, algunos objetos perdidos en esta vida, mis maestros bajo tierra que seguro se han convertido en estrellas que me protegen. Algún día los veré de nuevo, los sentiré de nuevo, en un olor, en un trabajo o en un viaje, ¿quién sabe?, mientras, sigo aprendiendo y siendo maestro de la luz del silencio.

Como esa maleta que al final no haces, como ese camino que pospones, como esa meta que persigues cada día, cada vez más lejos, cada vez más cerca, parando el reloj de arena de mi vida, es como si necesitara que no cayera ni un grano mas de arena en ese reloj de vida. Para que no se agote, para sentirme eterno en un presente efímero que se escapa. Sentirme vivo al narrarlo sin saber los caminos que cierro, los que abro, los que me esperan, viéndolos todos como un mismo camino. Centrarme en un objetivo que se consigue a base de abstracción en la escritura, abstracción en el estudio, abstracción del presente que nos distrae a cada segundo para que no nos centremos ni tengamos la capacidad de ver las cosas con perspectiva, mientras yo veo la misma perspectiva desde hace diez años. Centrado en la abstracción de esa partitura que se construye en la claridad de una mente que ha perdido deseos. Trabajo emocional bajo la escritura preclara, la escritura de la fuente de las ideas, fuera de los estímulos, en el no ser de la meditación para llegar a sentirme uno en la vida y sus círculos, sentirme uno completo con lo que hay, guardando energía, guardando para ser uno. Soluciones, otra maleta sin hacer, otro viaje que no se cumple, toca viajar al interior, a llamar a mi corazón, para construir, crear, creer, ¿será posible?, la naturaleza ya no me llama, las calles ya no me llaman, pocos amigos me llaman y no pasa nada, mientras yo siga llamando a mi corazón para encontrarme en otro día de este mundo gris de rutinas y velocidades distintas, otra vez observo, volveré a crear el valor de la resistencia en mi mente, o mejor, haré de mi mente un condensador, donde almacenaré energía y mis palabras serán mi amplificador emocional, soy nuevo, soy mejor que ayer y con eso basta, aunque aún tenga la maleta sin hacer, porque para viajar a mi interior no me hace falta equipaje, meditación y ser, intuición y escucha, protección y paciencia, la fuerza de saberse válido, la fuerza de las palabras que te llevan a encontrarte fuera de los ciclos del no ser para poder disfrutar de momentos de buenas compañías en pequeñas dosis.

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